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lunes, 3 de septiembre de 2018

Mañana


Estaba en paz, en paz consigo mismo.
El ruido que aturdía su mente ahora sonaba como dulce melodía.
La oscuridad que lo envolvía ahora era una diáfana claridad como el amanecer más hermoso.

El peso que aplastaba su alma, le había fortalecido.
La presión hizo nacer diamantes en su fuero interno.

Brillaba, brillaba como luciérnaga en la noche.
Adentro de sí todo era paz.
En la oscuridad se había encontrado, otra vez, a sí mismo.

Y ahora todo era luz.

El, veía sus cicatrices con respeto, eran parte de su historia. 

Había perdonado y estaba en paz consigo mismo. 
Había seguido su propio camino, con sus propios pasos en la senda solitaria. 
O en dulce compañía, según venía la vida, él la tomaba.

Ella, ella sentía culpa y vergüenza, se arrepentía en silencio.
El torbellino bullía en su mente cada día, y en silencio fue infeliz.
Creyó que tenía el poder de seducir, y terminó engañándose a sí misma.
Vacía y pueril.

Y un día la vida llegó a su fin.


Jorge

El réquiem del niño


El niño interno renació en sus ojos
Ella despertó lo que mucho tiempo llevaba dormido
El niño y su ilusión
El niño y sus anhelos
El niño y sus ganas de dar y recibir

Luego, ella mató al niño
Con frialdad
Como un ladrón en la noche
El sueño murió, el niño se fue
Creció fuerte, como aquella ilusión que ella encarnaba

Ella

Como una blanca figura de porcelana

Fría

Un frio infierno de falsedad
El azul de su mirada aparentaba llevar luz
Solo dejó vacio
Vacío era todo lo que ella ofrecía
El vacio no llena

Vacía es  su alma
Vacía, como quien teme a la  profundidad
Vacía, como quien solo conoce de superficies
Pero, ¿Qué puede saber sobre la vida quien no es capaz de sonreírle a la santa muerte?

Tenía para ti lo que siempre decías querer
Y en realidad no era eso lo que querías
Aprendí a conocerte en tu ausencia

Entendí que solo querías halagos
Entendí que solo buscabas afuera lo que no tienes dentro de ti
Entendí que quien cree ser una princesa solo desea que la rescaten del claustro que ella misma construyó
Entendí que nadie te rescatará
Entendí que la mentira en la cual vives no es capaz de afrontar la realidad
Entendí entonces, que debo aprender a despreciar lo que alguna vez amé

Prometías la luna y el sol
Cuando eres como un agujero negro estelar
Prometías amor
Cuando eres árida y glacial

Pasé a través de ti como un fantasma
Y el espectro tenebroso aun ronda sobre mí
¡Fuera! ¡Fuera de aquí!
Tenebrosa oscuridad

El exorcismo debe comenzar
Y devolverte a donde debes estar
Al infierno de las almas vacías

La agonía ha muerto al fin
Las rosas adornan su mármol.

Epicuro nos enseño que el placer y el dolor son medidas de lo que es bueno y malo.
Que la muerte es el  fin del cuerpo y del alma,
Por tanto no debe ser temida

Observando las estrellas alcance mi inmortalidad

Jorge

El rio


Escondidos, a la vista de todos, nos abrazamos.
Ocultos, a la luz del sol, nos besamos.
Nos amamos día y noche.
Tus locuras y las mías conectaron.

Nuestros cuerpos se hicieron uno.

En la pradera o en el bosque, en la cama, fuimos uno.
Los arboles  nos rodeaban, y sus ramas nos abrigaban
Hasta el rio cantaba una hermosa melodía que hipnotizaba
Entre oleadas de placer nos ahogábamos.

Sin cuartel hicimos del día y la noche nuestras amigas.
Azul y amarillo me embriagaron.
Dejé de lado la razón y nos guió la pasión.
Y ahí me perdí  

Reina, princesa, vestal, o hechicera.
Mujer.

Hicimos del secreto nuestro fiel cómplice.
Del silencio, nuestra conexión más profunda.

Y sincera.

Creí vencer tus dudas.
Creí en nuestro presente.
Creí en nuestro futuro posible, y hermoso.
Eterna. Te creí eterna.

Y vino el pasado, rompiendo el presente.
Tus fantasmas, oh tus fantasmas.
Y  mis demonios también volvieron.

Más fuerte, más fuerte me he vuelto, aunque el presente duela.
Y duele adentro, en el medio de mi pecho y en el centro de mi cabeza.
No hay reglas, solo hubo algo natural y bello.

Sin reglas.

Natural, como el rio, la pradera o el bosque.
La arboles hoy solo están grises, y sus ramas claman al cielo por perdón
Y el rio llora.
Su llanto no cesa.

No estamos juntos ya. 

Jorge

Esperanza


Durante años aprendí  a no temerle a la muerte,
Y andando ese camino, olvidé lo que era vivir.
Vida y muerte son opuestos, pero no excluyentes.

Mi corazón espera, paciente, fiel, el retorno, mientras sana el dolor.
Mi cabeza, mi cabeza no cree en la esperanza.
Sabe, mi cabeza, que eso que llaman esperanza tan sólo sirve  para alargar el dolor,
Y perpetuar el tormento.

Esperanza, vuelve a tu caja de Pandora, donde perteneces,
Junto a todas las demás plagas.
 Esperanza, no vuelvas por aquí.

Recuerdos, memorias, ausencia de esa piel que junto a la mía, fueron una.
Ausencia de esa boca que abrigaba  mis labios.
Lengua traviesa y juguetona.

Falta me hace esa mirada transparente y clara,
Como esos amaneceres que hacen poesía de colores y brillo.
Tu risa, y tu voz, melodías que iluminaron mi ser,
Y ahora no encuentro la maldita canción en mi mente.

Extraño esas manos, traviesas, esas manos de seda que curan y aprietan.
Tu vientre, terciopelo que hechiza, calor que tiembla.
Manantial bendito que brota de la flor de tu entrepierna
Fuente dulce de la cual bebí, y hoy muero de amarga sed.

Pero sobre todo, extraño el hombre que fui a tu lado.

Eres una Mujer, y pronto necesitarás un Hombre.
Así como un Hombre necesita a una Mujer.

Estaré arriba, con el sol.


Jorge